miércoles, 18 de julio de 2012

R E N A C I D A (hija de Zeus y Selene)


-Ni pienses en sentarte, pestañear ni nada que estropee mi creación- decía el diseñador mientras afinaba los últimos detalles al traje de Renata, la joven mujer estaba emocionada ya que era su primer desfile en donde ella era la modelo principal, se miraba al espejo, pero aún le costaba trabajo reconocer la imagen que aparecía ante ella, tenía tres años viviendo, ya que antes de eso no tenía recuerdos, era una recién nacida, aprender de cero, aunque su apariencia le ayudó a llegar hasta donde estaba, trabajó como camarera en un restaurante siete meses, ahí conoció a Dominic, una modelo de pasarela, quien la ayudó a entrar a un desfile porque una de las modelos  enfermó y necesitaban reemplazo urgente, por su apariencia la aceptaron de inmediato, la ayudó mucho su metro setenta y cinco, su estilizada figura, cabellera larga, negra y ondulada, hacían juego con su rostro de delicados rasgos, hacia recordar las figuras de diosas esculpidas encontradas en Grecia. Desde entonces han pasado casi dos años y medio y por fin estaba llegando a donde siempre le contaban sus compañeras, pronto sería conocida nacionalmente y trabajaría con los mejores diseñadores nacionales.  Le correspondía salir por segunda vez, abrió el desfile, ahora lo cerraría, caminó por la pasarela, como había ensayado, estaba girando para regresar por donde salió, en el fondo del salón una luz reflejó el contorno de un hombre, le resultó vagamente conocido, pero como no recordaba nada, no tenía con qué compararlo; llegó hasta la entrada de la pasarela, a su costado estaba parado el diseñador, quien caminó hasta el frente de la hilera de modelos, saludando a todos, la mirada de Renata miró en dirección del hombre, cuando otro hombre llamó su atención, vestía de traje formal para cóctel, la miraba fijamente, sus rasgos eran asiáticos, aunque no distinguía la nacionalidad, era bastante llamativo por  su porte elegante y aire de autosuficiencia; la joven sintió una corriente eléctrica que la recorrió de la cabeza a los pies, se sentía mareada, pensaba que se desmayaría en cualquier momento, se mantuvo firme hasta que terminó el evento, una vez en el camerino, le quitaron el vestido, ya con  su ropa normal, caminaba por el pasillo cuando se presentó ante ella el mismo hombre que la miraba en el desfile, al  verlo frente a frente, todo comenzó a girar y se oscureció.
Estaba cayendo, no sabía desde donde, sólo sentía el aire mientras bajaba, hasta que quedó sobre un prado verde, apoyó ambas manos en el suelo para elevar parte la parte superior del cuerpo, cerró los ojos y se concentró, vio un perro grande y delgado de color plomo sentado al lado de un niño como de dos años, ella pensó – cuidadlo hasta que nos reunamos otra vez – todo se oscureció.
Al abrir los ojos observó el rostro amado, ahora lo recordaba todo, sus pensamientos volaron a cuando se casó con él, su luna de miel, cuando descubrió que estaba embarazada y se lo contó, cuando nació su hijo y cuando su padre logró descubrir su paradero, al tratar de salvar al pequeño de ser atropellado por un vehículo, si, su padre fue el culpable de la separación de su familia, si quería vivir en paz, tendría que enfrentarlo, acarició su rostro, pero él se alejó con mirada furiosa.
-¿por qué juegas conmigo?, me abandonaste sin ninguna explicación, te he buscado todo este tiempo, recién esta semana el detective te encontró. – Sabía que no podía decirle la verdad, la creería loca, tenía que solucionar las cosas y luego viviría tranquila.
-No puedo decirte nada, sólo sé que te amo, por favor confía en mí, - Renata le suplicaba, trataba de convencerlo sin tener que entrar en detalles, ya que la verdad era algo difícil de creer, pero también lo conocía lo suficiente como para saber no se rendiría, tenía un carácter muy firme, era demasiado terco estaba acostumbrado a ganar siempre, su familia era muy rica y fue criado con esa base, cuando recién se conocieron, era la primera vez que salía de casa, no conocía a nadie, caminaba por la calle mirando a todos, tratando de aprender a comportarse como ellos, pasaba por el frente de un edificio elegante en el centro, se detuvo una limusina, en todo ese tiempo nunca había visto un vehículo tan grande, se acercó mirar por la ventana del pasajero que estaba abierta, estaba sorprendida por lo espaciosa que eran, tenía la mitad del cuerpo dentro del vehículo cuando escuchó un carraspeo detrás suyo, se golpeó la cabeza, al mirar quien era, casi se cae de espalda al ver al hombre con rasgos extraños pero hermosos, un poco más alto que ella, delgado, cabello corto, liso y peinado hacia atrás, rostro fino, ojos orientales con un hermoso brillo, nariz recta, boca pequeña y bien definida, con una sonrisa que ilumina como el sol, muy elegante vestido con un traje gris oscuro, sintió como un golpe en el estómago, por lo que siempre se salía con la suya, aunque cuando la conoció ella le hizo conocer el perder algunas veces, lo que más lo enojaba, miró con detenimiento el rostro fino y claro, su mirada profunda desde esos ojos café, sus labios…, por impulso y de extrañarlo, lo besó, él la abrazó y luego la empujó suavemente para alejarla, lo que significaba que no conseguiría nada, pero él agregó.
-¿Dónde está mi hijo? ¿Qué ha ocurrido con él?
-No puedo decirte nada.
-¿Cómo que no puedes decirme donde esta mi hijo?, ¿Dónde lo tienes?
-Por favor, no preguntes, debo irme – pero él le afirmó del brazo
-No puedes dejarme como si salieras de paseo, no permitiré que te vayas sin tener a mi hijo conmigo- realmente estaba furioso, y ella no tenía tiempo que perder, debía iniciar el viaje lo antes posible, sólo así podría vivir con su familia. Fingiendo ignorarlo caminó sin mirar atrás, aunque no podía dejar de preocuparse por el hombre que seguía  a su lado, tenía que buscar la forma de que no la siguiera.
-Discúlpame, pero tengo otras cosas por hacer, por lo que no me sigas – fingió estar molesta con él.
-¡Oh, no!, no me dejarás aquí, sin tener las respuestas que necesito, por eso te seguiré a donde estés,
-¡Pero tienes que trabajar!- recordaba que era trabajólico, había heredado mucho dinero, pero con su trabajo había conseguido aumentarlo, que él tenía inversiones y empresas en la mayoría de los continentes, a las que no le gustaba dejar sin atención.
-Desde que desapareciste, he contratado un grupo de ejecutivos que manejan mis empresas, por lo que no necesito trabajar, ellos me envían informes y tomo decisiones desde cualquier lugar, así que…-pasó el brazo sobre los hombros de ella como si fueran compañeros, aunque  sonreía, ella lo conocía lo suficiente como para saber que detrás de ella había una amenaza velada, tenía que ser cuidadosa con lo que diga. No tenía alternativa, sabía que lo tendría por sombra a donde fuera, tendría que explicarle la verdad y dejar que él decidiera si le creía o no. Era difícil contarle mi vida, le expliqué lo mejor que pude, al terminar él me miraba como si me hubiera vuelto loca, entonces comprendí que si quería una vida, tenía que dejar de huir, por lo que tomé una determinación, según mis conocimientos, ya sabía donde estaba mi hijo, me establecí contacto con el guardián, le avisé quien iría a buscarlos.
Después de mucho discutir, lo convencí dejarme ir sola a ver a mi padre, ya que él no podría entrar a donde debía ir yo, le entregué  las coordenadas y me preparé para mi travesía, sabía que sería un encuentro duro, por lo que antes de salir se preparó mentalmente, ya estaba decidida a no dejarse amedrentar como antes, se la jugaba todo por el todo, se concentró y se transportó hasta el palacio que  hacia alrededor de tres años no visitaba, mientras caminaba entre los grandes pilares. Al traspasar la puerta sentió la presencia de Zeus, respiré hondo y caminó con paso firme.
-¿Para qué has venido?- me preguntó con su voz estridente.
-Tenemos que hablar – le respondió, temerosa pero con voz firme.
-Ya te di mi decisión, sabes que no la cambiaré.
-No te pido que la cambies, sólo quiero vivir  mi vida en paz con mi familia.
-Ese es el problema, te prohibí hacerlo.
-Considero que no tienes derecho de hacerlo, después de todo, tú eres quien tiene más hijos regados entre los humanos.
-Soy Zeus, yo decido las cosas, ¡¡¡quien te crees para enfrentarme!!!
-Alguien que quiere vivir su vida sin temor a que llegue alguien a lastimar a mi familia.
- Yo decidí que no te casaras con ese mortal, ya te tenía escogido a otro dios.
-Y yo decidí, que sí lo haría.
-Entiende, lo que yo digo se hace, por lo que me obedecerás.
-He dicho que no lo hice y no lo haré, perderás tu tiempo si intentas lo contrario.
Trató de mantener la calma, sabía que si flaqueaba no podría volver a comenzar, porque estaba segura que mi familia sería perseguida hasta que no quedara nadie vivo, al cerrar los ojos logró ver que Lee encontró a nuestro hijo junto con su guardián.
 -Entonces ¿Para que has venido?- agregó la voz – MMMM… ya veo, así que ellos son tu familia, será un trabajo sencillo.
-Déjalos, a ellos no los tocarás – sintió que una energía me brotaba desde el pecho y me inundaba por completo, al parecer él también lo sintió.
-No podrás detenerme, ya mandé a encontrarlos – lo que le indicó que aún no sabían donde estaban, por lo que me daba tiempo para protegerlos.
-No lo permitiré, - comenzó a caminar hacia la salida del gran salón, cuando un rayo cayó delante de ella, significaba que tenía que enfrentarlo, volvió para mirar donde pensó que estaba, se concentró y consiguió visualizar su exacta ubicación, antes que me enviara un segundo ataque, con la energía que sentía emanar de su interior me envolvió de tal forma que formó un escudo de energía que la protegió de él, y como respuesta le envió un poco de esa energía en forma de remolino, haciendo que Zeus se hiciera visible, su antiguo traje túnica blanca con hilos dorados, antes que notara más detalles, le lanzó otro ataque, como antes lo bloqueó, de a poco consiguió acercarse a la salida del salón, una vez afuera puedo trasladarse a cualquier lugar, le faltaban un par de metros cuando algo le cerró el paso, habían cerrado las grandes puertas, no tenía más remedio que enfrentarlo si quería seguir con su vida, sacó fuerzas de su temor, ayudada por el amor a su familia,- ¿qué es lo que quieres realmente?.
-Que me obedezcas sin oponer resistencia, así continuaremos como hasta ahora, -dijo con voz de orden – tienes que continuar bajo mis órdenes como  ha sido por muchos años, desde que Cronos fue derrotado, nadie  ha logrado superarme, y quiero continuar así, eres la única que trata de enfrentarme – mientras me hablaba pude sentir que mi familia corría peligro, le pedí al guardián que los cuidara mientras yo buscaba la forma de salir de esto. Me estaba desesperando, tenía que pensar y actuar antes de eso.
-No quiero pelear contigo, déjame vivir mi vida como lo escogí te lo pido por última vez, - casi le supliqué, pero él no escuchó.
-Debes aprender que nadie me enfrenta,- dicho eso comenzó a atacarla, al mismo tiempo sintió que su familia había sido encontrada y comenzaban a atacarlos, la desesperación se apoderó de ella.
-Que no se acerquen a mi familia, te he pedido que los dejen en paz,- le gritó, sintió que la energía de su interior brotó como una bomba y arrasó todo lo que encontró en su camino, incluido un sorprendido Zeus, cubriendo todo el contorno del planeta, expulsando a los que fueron enviados por su padre para atacar a sus seres queridos, sin permitir que entre alguien más que haya sido enviado por algún dios desde el Olimpo, - ninguno de ustedes podrá volver a atacar a nadie más con sus egoístas intereses, no lo permitiré, desde ahora estarán bajo mi protección -, mientras decía esto se desvaneció para aparecer donde estaba su familia, al llegar comprendió que su hijo heredó mucho más de ella de lo que creía, estaba cubriendo con un escudo invisible a su padre, el guardián y él, la reconoció, corriendo hacia ella y abrazarla escuchó sus primeras palabras.
-Mamá, protegí a mi padre y al guardián,- aunque tenía cuatro años, hablaba como un adulto con los ojos mojados por las lágrimas, lo abrazó, y comprendió que ahora estaría todo bien, cuando Lee la abrazó y besó sus labios, se sintió protegida y que era una mujer muy feliz, ya nada le preocupaba, entre tanto, volvió a recordarles a sus familias de allá arriba que no se acercaran, porque ya no eran bien venidos.
El lugar donde estaba era muy hermoso, por lo que decidió que ahí vivirían, después de todo, su esposo ya no tenía que estar en la oficina para trabajar y ella no necesitaba ir a ningún lugar para hacer el suyo.

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